viernes, 31 de agosto de 2012

17 días juntos

Es verdad lo que dicen, el verano es la patria de la infancia. De repente, los horarios se relajan (en mi caso, se desbocan), los días son larguísimos y la permisividad de los padres aumenta hasta cuotas insospechadas. Hay bocadillos de Nocilla para merendar, patatas en el aperitivo y helado después de cenar. Nos quedamos en la playa hasta que anochece. Nos levantamos sin prisas. ¡Ah, las maravillas del verano a la orilla del Mediterráneo! Solo quien lo ha mamado desde pequeño sabe lo que es.

Hoy acaban 17 días en los que mi hijo y yo hemos sido inseparables. Del todo. Hemos ido juntos al mercado, a la piscina, a la playa, a la cama, al lavabo y hasta depilándome lo tenía allí, a mi vera, preguntándome qué era esa plastilina que me ponían en las piernas. Ha sido intenso. Para lo bueno y para lo malo. ¡Ah, esos momentos de furia maternal! También solo quien lo ha vivido sabe de qué hablo.

Ha crecido mucho este verano. Le veo muy mayor. Se va portando mejor, pero a veces se desmadra como en sus buenos tiempos. Después me mira con esos ojitos, me dice que lo siente y me desarma. ¿Cómo se desengancha una de este amor constante más allá de la muerte? Seré cenizas un día, pero tendrán sentido. Polvo seré, mas polvo enamorado.

2 comentarios:

  1. Qué cositas tan bonitas! Quiero volver a ser pequeña y vivir esos veranos interminables en el interior penedesenc...

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