domingo, 14 de marzo de 2010

Estopa, 13-3-2010, pavellón deportivo de La Selva del Camp

Dejamos al niño en buenas manos y nos montamos en el coche en dirección a la Selva del Camp. Allí, en el pavellón deportivo, actúan los Estopa. Nada más entrar por la puerta del recinto se apagan las luces y empieza el espectáculo. Los hermanos Muñoz aparecen sobre el escenario entonando varios "qué paaaaaasa, pero qué pasaaaaaaaaa", y por ese entonces yo ya he perdido todo el interés por la parte musical de este concierto, si es que alguna vez la tuve. Vamos a la barra que tengo sed.

Miro a mi alrededor y alucino. Hace diez años, yo era fan de Estopa y fui a algún concierto. Diez años más tarde, su público es diez años más joven que yo. Así que, por cada año transcurrido, han rebajado en ídem la edad de sus seguidores. Es increíble. No sé cómo lo han hecho. Ah, espera, ya lo sé. Acaban de tocar un par de temas nuevos y ya veo cuál es su táctica: melodías refrito de sus primeras canciones, letras populistas y enrolladas, temática poligonera.

Hace rato que ya no estamos en la parte de público general, ahora hablamos con los de la promotora en el reservado detrás de la barra. Casi no presto atención a la música, pero de repente suena Ojitos rojos, en su tiempo una de mis canciones favoritas. Desvío mi cabeza hacia el escenario y abro mis oídos. "Elena, Ojitos rojos. Te la sabías de memoria. Aún te vienen las palabras a la mente sin problemas. Se la enseñaste a esa alumna de español gótica que tenías en Grecia. Disfrútala". Pero nada me llega. Cierro los ojos para concentrarme aún más. Pero sólo escucho una canción pobre y sin gracia. Lo que esta gente está cantando, a mí no me dice nada. Intento recordar qué me emocionaba pero no doy con ello. Intento buscar un trozo de mí en medio de la letra, pero no lo encuentro. Yo, al contrario que la Pantoja, no soy ésa. La verdad es que no me gusta esta canción. Tampoco me gusta este concierto, pero me lo estoy pasando bien hablando con Sergi.

Como Camarón cierra el concierto. "Próxima parada, Ascó", dicen los Estopa. Y se despiden, y supongo que se irán a su casa a descansar con sus mujeres e hijos. Nosotros también nos vamos. Tras caminar un buen rato por las calles heladas, subimos al coche y rápidamente enfilamos la carretera hacia Reus.

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