martes, 13 de marzo de 2012

Ese chico dulce y delicado

La semana pasada fue mi semana Belle & Sebastian. Hacía años que no escuchaba ninguno de sus discos y, mira, me dio por ahí. Me despertaba y directamente me ponía canciones como ésta. Me hace sentir bien, la música de Belle & Sebastian. Pero no un bieeeeeen eufórico, sino un bien reflexivo. Puedes acudir a ellos en caso de ruptura, sí, pero no te van a hundir más de lo que estás. Te van a mantener ahí, en el fondo, y poco a poco empezarás a sentir unos cosquilleos en el estómago que no sabrás muy bien de qué son, quizás sea que las cosas se están empezando a asentar en tus emociones y en tu cabeza, todo gracias a la música de Belle & Sebastian.

Hace 11 años, yo era una paleta muy joven con ínfulas de todo. En la gran ciudad conocí a un chico dulce y delicado, de ojos claros y movimientos llenos de gracia. Era moderno. Tenía clase. Siempre la ha tenido; la sigue teniendo. Estaba décadas por delante de mí en música, en historia y en tantas otras cosas. Un ser delicado y elegante, el primero de una serie de novios de Barcelona que me enseñaron, cada uno de ellos, a amar y a conocer la ciudad a fondo. Pero me desvío, estábamos con la música. Él también fue uno de mis primeros gurús musicales, uno de tantos. Fue él quien me descubrió a Belle and Sebastian. Dear Catastrophe Waitress sonaba non-stop en su casa, y para mí fue una revelación. Esa música no se parecía a nada que yo hubiera escuchado antes. Su casa, por cierto, primero era un piso en el Poble Nou y luego un loft en el Poble Sec. Y estamos hablando de hace 11 años... Para que veáis el grado de cool al que me refiero. Albert tenía estilazo por dentro y por fuera, era una gran persona y me dicen los que le aún le ven que lo sigue siendo.

Ahora, en retrospectiva, veo que las canciones de Belle & Sebastian contienen la esencia de Albert, o por lo menos del Albert que yo conocí. Son simples en apariencia pero muy complejas en el fondo. Son un bocado exquisito, la guinda del pastel.

La historia acabó mal. Un buen día decidí irme a Grecia un par de meses que al final fueron bastantes más. Le rompí el corazón. Lo pasó muy mal. Pero, a la larga, él ha salido ganando; encontró amor y familia allá por la tierra de los naranjos, y bien feliz que sigue allí. Un gran tipo, Albert.

6 comentarios:

  1. Jajajaja me parto! Ya sé que no es un post para hacer reir pero me ha hecho mucha gracia.
    Viví taaan de cerca esta historia. Recuerdo mucho vuestra ruptura, el dia de San Juan de 2002, estaba él en el ordenador de nuestro piso de estudiantes, giró la cabeza pálido y me dijo que habíais roto con un hilo de voz. Era San Juan del 2002 y fuimos a la playa de Castelldefels
    Pero ¡mira! no sabía que él te introdujo a Belle and Sebastian. Es verdad lo que dices, me pegan para una ruptura pero no para dramatizar. Yo que estoy al borde de una, mañana me los pondré sin parar, a ver si veo la luz.
    En fin amiga, que te quiero, ya lo sabes.

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  2. tierno post, intensos momentos vividos hace 11 años. Por fin Albert ha tenido el reconocimiento que tanto se merecía!! yo recuerdo especialmente vuestros comienzos, en esa fiesta de disfraces en la q él iba de punky moderno y tu de flamenca..

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  3. anonimari, te equivocas. no lo dejaron en sant joan del 2002, sino del 2003...
    fox in the snow where do you go to find something you could eat...

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  4. Ooops! Tienes razón ivi! Qué bien haber recorrido tanto juntos. El grupusculo me hace feliz.

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  5. La vida es una puta mierda y Belle & Sebastian a veces ayuda a sobrellevarla.

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  6. Lo más fuerte de todo es que no le dejé en Sant Joan de 2003, le dejé en febrero de 2003 por teléfono. Pero él nunca lo pillo eso.

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